Ayer organizamos una barbacoa en casa de A, en Santorcaz, para celebrar el final de los exámenes. Para no pasar mucho calor, y para no perjudicar a los que trabajaban por la mañana, decidimos hacer una cena en lugar de un almuerzo. Quedamos como siempre en la gasolinera de San Isidro, para hacer recuento de vehículos y ver cómo nos distribuíamos en éstos (dado que algunos se quedarían a dormir en casa de A, y otros nos iríamos por la noche a nuestras casas).
En el coche de R se montaron éste, F y E, para ir a Torrejón a por una parrilla portátil extra. Aun así hay muchos coches; demasiados, en algunos viajaría solamente el conductor. Así que S decide que es mejor dejar su coche en casa y viajar con OP y con C. Total, que nos dirigimos todos a casa de S para dejar su coche.
Primer escollo: a Q y a mí, que éramos los últimos en la comitiva de coches, se nos cierra un semáforo. Nadie se da cuenta, y como ninguno de los dos tenemos muy claro dónde queda la casa de S, nos dedicamos a dar vueltas por Alcalá hasta que finalmente decidimos llamar a OP y a C para averiguar dónde se han 'escondido'. Por la información que nos dan, estamos un poco lejos, así que aceleramos un poco... y todo eso a pesar de que el coche de Q tiene como unos 16 años y un pistón en condiciones pésimas.
Al final nos reunimos todos en casa de S, quien se monta en el vehículo de OP y de C. Establecemos la ruta: desde casa de S es más rápido ir a Santorcaz a través de Los Santos de la Humosa, y no por Anchuelo como teníamos previsto en el plan inicial. Así que nos ponemos en marcha.
Segundo escollo: a la salida de Alcalá detectamos una nubecilla de humo extraña que se ve desde el retrovisor.
—Qué curioso —le digo a Q—, algo por ahí detrás se está quemando.
Q me mira de reojo y no dice nada.
Me pregunto a qué viene esa mirada.
Miro de nuevo por el retrovisor del lado del acompañante... Vaya, el humo blanco sale de nuestro tubo de escape.
Miro hacia atrás. El coche que nos sigue es en el que van DR, DA, AL y AD. Se van partiendo de la risa, y nos adelantan. Joder, otra vez últimos... espero que no nos perdamos...
Hay atasco en la nacional. Bueno, mientras vayamos despacito no se quemará demasiado aceite. Eso sí, los conductores que van detrás nuestro nos miran con cara asesina. Me dan ganas de sacar la cabeza por la ventanilla y gritar "Fumata blanca", pero me contengo. No vaya a ser que alguien se ofenda.
Salimos de la nacional hacia Los Santos. Jodeeeeer, cuántas curvas. Y todas de subida. El coche a estas alturas parece el botafumeiro de la catedral de Santiago. Q se ríe por no llorar...
—Con razón no quería yo sacar el coche de Alcalá... Creo que nos quemamos... Tenemos que ir un poco más despacio.
Así que perdemos de vista la comitiva. Qué bien, tal vez lleguemos a Santorcaz (si el coche no explota antes, claro), pero luego tocará volver a llamar a alguien para que nos indique cómo llegar a la casa de A.
Ahumamos todo el pueblo de Los Santos, y nos fijamos en un cartelito que indica que para ir a Santorcaz hay que girar a la derecha. Digo "nos fijamos" porque eso es todo lo que hacemos; seguimos de frente porque hay un sitio estupendo para parar el coche. Mientras, por si las moscas, le pregunto a un hombre que está con sus niñas si vamos bien para Santorcaz.
El tipo nos mira. Mira el humo que sale del tubo de escape. Nos vuelve a mirar. Se parte de la risa. Oigo que la niña más pequeña le pregunta a su hermana mayor si nuestro coche está malito.
El hombre, todo simpático, y después de reírse un rato, nos indica cuál es el mejor camino para ir a Santorcaz. Todo curvas, de subida el 90% de ellas. Durante el viaje nos adelantan varios vehículos (normal, les estamos llenando de aceite quemado las lunas delanteras); el conductor de uno de ellos, con las ventanillas cerradas y su maravilloso aire acondicionado puesto, nos grita algo. Q le grita "Habemus papa", pero creo que el tipo no le oye.
Al final me acaba llamando A, para saber dónde estamos. Nos están esperando a la entrada del pueblo, así que hay suerte y al final no nos perdemos. A las puertas de la casa de A, y con el coche aún en caliente, medimos el aceite que le queda al coche de Q. La varilla ni se mancha, apenas la punta.
—Que no me entere yo que le coges el gusto a perder aceite —le digo a Q. El pobre se ríe. Mira en el maletero y hay suerte: tiene una lata de aceite ahí guardada. Cuando el coche se enfríe, le pondremos algo de aceite y cruzaremos los dedos para que podamos volver a casa bien.
Una vez en la casa, ayudamos a preparar las cosas. Hay comida para un regimiento. También hay litronas de cerveza para aburrir, aunque M se las apaña para tirar una al suelo. DR casi le salta al cuello. Además, está OP pululando por ahí con la cámara de fotos; hace fotos muy divertidas, pero el problema es que luego, a veces, las cuelga en Internet.
Cocinamos, comemos, cocinamos, comemos, cocinamos, cocinamos, cocinamos, y ya nadie quiere comer más (salvo F, pero no cuenta porque F siempre tiene hambre; personalmente opino que tiene una tenia en el intestino). R (el novio de A), que es gallego, dice que ha preparado todo lo necesario para hacer una queimada y así purificarnos y ahuyentar a los malos espíritus. Yo me conformo con que Q y yo podamos volver a Alcalá en el coche, pero bueno.
Nos vamos al patio trasero de la casa de A. Apagamos todas las luces, aunque OP trae una linterna para poder leer el conjuro. R trae una cazuela de barro, un par de botellas de orujo, azúcar, peladuras de limón, y algunos granos de café. Dice que es la primera vez que hace una queimada, pero que nos la tenemos que tomar en serio. Prepara todos los ingredientes, le prende fuego, y empieza a remover con un cazo mientras nos vamos pasando el conjuro los unos a los otros, leyendo cada uno una frase. El caso es que leemos el conjuro, aunque se cuelan frases entre medias como no veo nada, no sé leer gallego, janderclander y R, deja de jugar con el fuego, que lo estás tirando todo fuera y me vas a quemar la casa. Total, que al final les toca leer otra vez a R y a C, que son gallegos y no meten ningún elemento extraño en el conjuro.
Esperamos a que se apague la queimada y nos la bebemos. Está un poco fuerte, pero sabe rica; hacemos una apuesta y nos la bebemos de un trago, como si fuera un chupito. Luego nos pasamos 5 minutos sin poder hablar. R dice que ya estamos purificados, y por tanto es el momento idóneo para pecar otra vez. Nos pasamos un buen rato en la casa de A, aunque de vez en cuando suenan puertas... y eso que estamos todos en el patio. A le dice entre risas a R que, en vez de expulsar a los malos espíritus, los ha atraído a la casa. R responde que será el viento.
Pasamos una noche divertida en casa de A, pero son las 3 de la mañana y la gente empieza a marcharse. En el coche de Q nos bajamos F, Q y yo. Y no sé si será por la queimada, porque le hemos puesto aceite, o porque es de noche, hace menos calor, y nos bajamos por Anchuelo (casi todo cuesta abajo); pero el coche no hace ni una nubecita de humo durante el camino de regreso.







aguilar
2 jul 2005 | 05:04 PM
Hola de nuevo. :D
Ha sido un relato breve, sencillo, me ha gustado.
Aunque creo que no es un cuento :P
Je,je,je, cuando yo relato algun evento social suena mas gris :P
manuel h
4 jul 2005 | 09:24 AM
el coche intentando suicidarse, y vosotros ayudando, eh!!
muy divertido!!
agente_naranja
4 jul 2005 | 01:23 PM
Hola Manuel, cuánto tiempo... pues no avisé porque realmente mantengo las dos bitácoras, la de Barrapunto y ésta, y los contenidos suelen ser parecidos.
Un besote
emanuelle
4 jul 2005 | 11:31 PM
fantastico relato, me acojone en el coche y me entone con los dos litros de queimada.
tienes el don del cuentacuentos.
saludos a A, Q, F, R, C, OP, DR Y A TI.